Zamora, el ranking del buen comer

Zamora, el ranking del buen comer

Zamora, el ranking del buen comer

Por Jaime Rebollo, vocal de gastronomía de La Santa Merienda


Entender la gastronomía como un arte para todo tipo de estómagos. Al menos así la entiendo yo. Y sólo así es posible encontrarse en nuestra provincia un TOP 5 de templos gastronómicos que pueden ser capaces de satisfacer todo tipo de necesidades, no sólo culinarias, sino también económicas. Aunque, permitídmelo, somos de los que creemos que el arte tiene un precio.

Decidirte por comer en Zamora puede ser decidirte por querer probar algo tan nuestro como la Ternera de Aliste en cualquiera de sus modalidades. Si lo haces te recomendamos que viajes hasta el epicentro de la especie, en el corazón de la comarca de Aliste, en San Vitero, está Casa Fidel. Seguramente es el ambiente más familiar de todos los que nos encontramos en esta ruta por lo más granado de nuestra gastronomía. Fidel nos propone las mollejas de ternera, bien guisadas o a la brasa como bandera para abrir un menú completado con variedad de entradas y una ternera de aliste, de plato principal, que destaca por su excelsa calidad. En un futuro próximo Casa Fidel nos ofrecerá una imagen renovada, nuestra apuesta es segura, volverán sin haber perdido un ápice de calidad.

La siguiente apuesta nos lleva hasta el extremo Noreste de nuestra geografía. Decir Castroverde de Campos es decir Lera, el apellido del alcalde, Cecilio; el nombre que ostenta el restaurante que su hijo, Luis Alberto, heredó y desarrolló del antiguo Mesón “El Labrador” fundado por su padre hace más de cuarenta años.

Lera ha conjugado con esmero un establecimiento moderno y funcional, con hotel incluido para hacer de la experiencia algo para recordar, con una bodega bajo el restaurante que más allá de un punto de elección de vinos sirve de salón social para compartir lo que el apetito quiera, con un viñedo para pasear entre las parras de donde se obtiene el vino de la casa…. Y puestos a comer, más allá de las técnicas de la cocina actual combinadas con lo más tradicional del arte, en Lera hay que probar la caza, la gran especialidad de la casa. La de aquí y la de lejos, cocinada para ser maridada con escabeches exquisitos o con la legumbre más nuestra. Durante el mes de noviembre, desde 1990, se produce todos los años la exaltación de la caza en sus jornadas gastronómicas. El menú de estas jornadas en la última edición tenía un precio de 64€ por persona. Todo ello, y un servicio de calidad, hace que Lera sea parada obligada para cientos de comensales de distintos puntos del país año tras año, y nosotros te recomendamos que lo pruebes. 

Tras dos apuestas por la provincia, ahora vamos con otras dos para las que no se necesita salir de la capital zamorana. Si tengo que hablar de cocina tradicional y de ambiente familiar, la apuesta segura en Zamora será el restaurante Eusebio. Se puede decir que es “el gran desconocido” (cada vez menos) de la cocina zamorana. Se trata de un pequeño restaurante heredado por una pareja de hermanos en la que él atiende la sala y la barra, por cierto trato muy amable y cercano a la vez que elegante, y ella es la “jefa” de la cocina.

Una de las cunas imprescindibles para probar pulpo en nuestra geografía. Un templo de carnes de calidad y de pescados frescos, antes te dicen que no hay lo que tu quieres en vez de darte algo que no satisfaga el paladar. Y puestos a rizar el rizo, un sitio donde hay un postre especial, la crema catalana que nunca te va a dejar indiferente. Para degustar esta calidad no hace falta sentarse, incluso tapeando en la barra te darás cuenta que estás en un lugar de esos que llamas “de los de siempre” pero no es “lo de siempre”, es de lo bueno, lo mejor. Y una relación calidad-precio idónea. Vete que no te arrepentirás. Lo encuentras en la Avenida de las Tres Cruces 29.

La siguiente parada de este ranking en el paseo por Zamora nos desemboca en plena Plazuela de San Miguel, o lo que es lo mismo, en plena Plaza Mayor de la capital del románico. Y a escasos metros de la portada de uno de esos templos, otro tipo de templo, el gastronómico… Los Caprichos de Meneses, alzándose con la “plata” de esta particular competición. Un lugar donde “jugándose la vida por momentos” te recibe Alfonso Meneses para abrirte el apetito a tragos de un buen vino, una tapa deliciosa, nuestra predilección es el pan al vapor con rosbif de ternera que perfectamente puedes compartir con una buena ración de ibéricos de bellota y queso zamorano. Y es un lugar donde Alfonso y su equipo te dan de comer gracias a una cocina donde las nuevas técnicas se expresan al máximo sin menoscabar la materia prima más tradicional.

En los entrantes, recomiendo que os dejéis sorprender, platos con foie, mollejas de lechal, o incluso el pulpo a feira… son platos para sumergirse en ellos y disfrutar de sus cualidades con todos los sentidos posibles. Para el segundo plato, te puedes quedar en la carne, sí… tienen por norma ofrecer todo tipo de variedades, pero recomiendo el pescado. Un lugar imprescindible si eres un fanático del bacalao. Puesto en el plato fresco, en cualquiera de sus modalidades…. un manjar, en suma. Comer donde Meneses es una apuesta por un servicio próximo al cliente, elegante y es una oportunidad para iniciarte en el conocimiento y en saborear buenos vinos, el aval es la experiencia de Alfonso como sumiller. Por cierto, que escondida en la calle Sacramento está una gran Cava, donde con el nombre de “cuna del vino” Alfonso tiene creada una escuela de cata. Y no te vayas sin el postre porque Henar, alma repostera de la casa, también acostumbra a dejarte con la boca llena y con la satisfacción de haber gozado del arte de la cocina. El menú degustación de “Los Caprichos de Meneses” suele rondar los 45€  por persona. 

Y llegamos al final, y hemos saboreado de todo, sí… pero si hay que poner un postre de oro al ranking gastronómico de la provincia no está muy difícil. Hay que ir a Benavente, hay que ir al Ermitaño. Pedro Mario y Óscar Manuel juegan la Liga de la “Estrella Michelín”. Considero de justicia que la mantengan, y me parece un lujo haber probado, y seguro que vuelvo, una velada en “El Ermitaño”. Claro que vende un experto de las Relaciones Públicas como es Pedro Mario, estar donde están ellos exige hacer esas cosas, si encima lo haces bien el camino es fácil. Y como dicen ellos, en el caso de Pedro Mario además de la idea y el timón tiene que venderlo, en el caso de Óscar Manuel es el desarrollo permanente de su repostería, es obvio que sin un amplio equipo de profesionales de alta cocina seguramente esta casa no sería lo que hoy es. Su oferta se compone de una amplísima variedad de opciones para disfrutar o de un homenaje gastronómico o de la realización de un gran banquete en un entorno cuidado que tiene casi todo lo que puedes pedir a un evento de esas características, de hecho está ubicado en una casa señorial que en su día fue propiedad de los Marqueses de Los Salados y que la última reforma ha sido acometida a principios de este siglo tras un fatídico incendio en el invierno del año 2000.

Escoger un plato determinado u otro, aquí,  desmerece al resto, así que cuando llegues al Ermitaño déjate seducir por las cartas de temporada que varían en función de las cuatro estaciones astronómicas, allí encontrarás la mezcla perfecta que hace la cocina de siempre con las nuevas técnicas. Cada plato, cada copa de vino, tuve la oportunidad de probar un “maridaje a ciegas” que sencillamente creo que es imposible hacerlo mejor, desde el primer entrante en frío o en caliente hasta el último postre, es un lujo, y es un sitio donde no te va a faltar la oportunidad de decir a las claras que algo no está en tu gusto. Puedes ser capaz de eso o de entender que una buena pata de lechazo de Castilla y León, como mejor se saborea es comerla con los dedos. Las veladas gastronómicas del Ermitaño suelen acabar en la buhardilla donde compartir un café o un licor con la compañía ponen un broche excelente a un templo que tampoco te debes perder si quieres gozar de lo mejor de nuestra gastronomía. Ir al Ermitaño también es encontrarte con una amplia variedad de precios, que no por ser el primero tiene que tener un precio prohibitivo, no es el caso créeme.

A mi sólo me queda decirte… ¡Qué aproveche!. 

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