Y en la tarde del Viernes Santo, el cielo se rompió

Y en la tarde del Viernes Santo, el cielo se rompió

Y en la tarde del Viernes Santo, el cielo se rompió

Por Juan Álamo, socio de La Santa Merienda y hermano de la Real Cofradía del Santo Entierro


Después de una madrugada más especial que otros años, donde por primera vez pude compartir procesión de una manera especial y diferente con la familia, cuando el Vulgo Congregación concluyó, lo único que se podía hacer es mirar al cielo, rezar alguna plegaria y esperar a que aclarase.

A las 15:30 h. el cielo no daba buenas señales, la única esperanza que había es que quedaba una hora para el comienzo y porque no, algo podría mejorar.

Yo estaba con mis hermanos esperando la formación, conociendo que puesto ocupaba este año en el paso. Hacíamos 25 años desde que “La Conducción” salía por primera vez a hombros, y era un año cuanto menos, emotivo.

Tras haber conocido quien cargaba al lado de cada quien, este año debutaba hombro con hombro con Jurado, amigo, hermano de paso y socio de “La Santa Merienda”, nos fuimos hacía el Museo para esperar la hora del comienzo de la procesión.

El Sermón del descendimiento se estaba celebrando mientras el cielo cada vez se ponía más oscuro y las primeras gotas empezaban a caer sobre las inmediaciones del Museo de Semana Santa. Los peores presagios se confirmaron pocos minutos después de las 16.30 h. la Real Cofradía del Santo Entierro no saldría a la calle. Probablemente la decisión más dura tomada por las personas responsables del desfile, pero desde mi humilde punto de vista, la más acertada ya que a los pocos minutos la lluvia haría acto de presencia  y el patrimonio de la Real Cofradía hay que mantenerlo y preservarlo para generaciones venideras. El año que viene ya habrá tiempo de celebrar efemérides como los 25 años de sentimiento bajo el banzo de la Conducción al Sepulcro u otras que se celebraban también este año como los 150 años de “La Lanzada”.

Con la procesión suspendía, todos los planes se adelantaron y se trastocaron. Mis amigos de La Santa Merienda ya estaban bajo el cobijo de los soportales de la zona de los Tilos. La procesión estaba suspendida… pero la merienda… no se perdonaba. Allí comimos, bebimos, reímos y como nos sobró bastante comida y esta gente de la Santa Merienda derrocha solidaridad por los cuatro costados, se hizo una donación a Cáritas, en la Casa de Acogida Madre Bonifacia, para las personas más necesitadas.

La tarde iba pasando pero las lluvias no cesaban. El Motín de la Trucha seguía abierto y ¿qué mejor lugar para esperar? Allí hicimos tiempo hasta conocer si Nuestra Madre saldría. Finalmente, y con Nuestra Madre suspendida, era el momento de regresar a casa. Finalizaba el día más largo y probablemente uno de los más especiales. Solo nos queda pedir salud para que el año que viene nos veamos todos de nuevo.

Sobre el autor

Dejar un comentario