Si parpadean se lo pierden

Si parpadean se lo pierden

Si parpadean se lo pierden

Por Jaime Gómez Peralta, secretario de la Santa Merienda


No vengo a contar lo típico sobre la Semana Santa, sobre la austeridad que caracteriza a una semana de pasión donde todos los zamoranos participan, son hermanos de diversas cofradías y hermandades… Vengo a contarte mi experiencia en una de las mejores semanas de año, en la que se entrelazan por un lado las procesiones, por otro la gastronomía y por otro las personas que me acompañan y la hacen tan especial.

El Jueves de Dolores con el Traslado del Nazareno de San Frontis, aparentemente un día tranquilo, arranca con las llamadas de David y Víctor (tesorero y presidente respectivamente de La Santa Merienda) a los que ese día nos encontramos en Zamora. Mientras esperamos en el inicio de la Cuesta del Pizarro con unas pipas, se empieza a planificar toda la semana, con comidas, cenas, donde quedar para salir o ver las procesiones, es decir, un no parar de historias y eso que solo es el comienzo.

Los acontecimientos empiezan a suceder, nuestros amigos ya recogieron el Espíritu Santo en su templo, el Cristo de las Injurias está en su mesa, hemos comido unas patatas con pata, Luz y Vida ha regresado del cementerio, las palmas cuelgan de los balcones, casi no nos acordamos del cocido y la Soledad está preparada en San Juan. Cuando me quiero dar cuenta, estoy en el Crespo viendo pasar la Despedida. La Amargura cierra la tarde del Lunes y tengo que ir corriendo a casa, esta noche cargaré el Cristo de la Buena Muerte.


El martes es un día aparentemente de descanso. Los vinos de Toro se mezclan con la comida familiar y con la cena en el mesón Puente de Piedra mientras se despiden el Nazareno y la Esperanza. Tras la salida del Cristo de la Agonía, voy a casa, el miércoles promete ser largo.

A primera hora de la tarde tengo que estar en la Catedral, tras el juramento y haber procesionado con el Cristo de las Injurias, tengo a hombros al Cristo del Amparo, quedando por delante una cena con familiares y amigos al termino del Miserere Castellano.


La Esperanza ha subido Balborraz al son de la “Saeta” y el momento culmen de nuestra asociación ha llegado. Socios, amigos y familiares disfrutan de nuestra gran merienda. No termina la tarde hasta que la Dolorosa entra en el museo, aunque este año no será igual ya que mi amigo Celestino no estará dirigiendo su entrada.

Empieza la noche más larga del año para mí. El Miserere en Viriato es solo el principio. Yo a las 4 espero ansioso en San Juan escuchar el Merlú. Son las 5:00 h., suena Thalberg y los cargadores esperamos a salir con la Soledad. A pesar de que pasan las horas, en un abrir y cerrar de ojos la Virgen descansa en el crucero, reponemos fuerzas con las sopas de ajo antes de iniciar la reverencia. La noche se ha hecho corta, la Virgen ya está en San Juan.

Es viernes por la tarde, las bandas resuenan por el casco antiguo, el Cristo de las Injurias está en la Catedral esperando al juramento del próximo año. Comienza la segunda merienda de nuestra asociación. Otro día más con socios, amigos y familiares disfrutamos con las anécdotas de nuestra gran semana.

Los pasos llegan al museo al son de las bandas. Nuestra Madre ha salido y ahora debo descansar.

El sábado comienza temprano. Estoy camino de la asamblea de la Asociación, es el turno de la Santa Merienda. Después de disfrutar de la comida con los socios, la Soledad me espera en San Juan. Hoy es su tarde, nuestra tarde. Y casi sin darnos cuenta entramos en la Plaza Mayor. Tulipas en alto. La Virgen ya está en su casa y a nosotros, como culmen, nos espera una cena de despedida hasta el próximo año.


Es domingo de Resurrección, las escopetas ya suenan en la Plaza Mayor y las charangas están en la calle. Un año más, estos diez días han sido un abrir y cerrar de ojos.

Gracias a todos los que lo hacéis posible.

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