Miércoles Santo, empiezan los días “libres” y sólo tengo un plan: disfrutar

Miércoles Santo, empiezan los días “libres” y sólo tengo un plan: disfrutar

Miércoles Santo, empiezan los días “libres” y sólo tengo un plan: disfrutar

Por Ana Campos, socia de La Santa Merienda


Es Miércoles Santo, mediodía, estoy deseando que llegue la hora de comer para juntarme con amigas y amigos. Ya llevamos unos días de cañas y de tapas, pero para mí hoy empiezan los días “libres” y sólo tengo un plan: disfrutar. Hoy ha organizado la comida un amigo en su finca de Entrala, toca arroz a la zamorana. Cuando llego, ya están todos con una cervecita de la mano o con una copa de vino. Cojo la mía y picoteo algo de queso y chorizo que hay sobre la mesa. Al fondo, en una cocina de gas, veo cómo se está cocinando el arroz. ¡¡¡Cómo huele toda la sala!!! Después del café y de los chupitos caseros de membrillo, sacamos un juego de mesa sobre Semana Santa, que parece fácil, pero que no conseguimos acabar porque se nos atragantan varias preguntas sobre torrijas.

Pensamos el plan para la tarde que incluye, por supuesto, ver las procesiones del día. La verdad es que me produce morriña saber que este año no va a estar entre los cofrades mi padre. Me resulta extraño verla sin tener que ir con prisa a la puerta del Museo a echarle una mano, así que, después de ver cómo pasa el Cristo a toda velocidad, paramos en El Medieval a tomar unas cañas y a hacer tiempo, porque hemos quedado con Óscar y con Miriam (y con los que surjan) para ir a cenar a El Real.

Llueve, bajamos deprisa, llegamos y conseguimos pedir (hace mucho que Raúl sea alto y lo vean rápido). Queda una mesa libre y al poco tiempo empiezan a llegar los demás: Óscar, Miriam (con Sofía dentro), Alejandra, Ana, Víctor, Fernando, Alba…  Son las 23:00 h. Somos más de 10 personas en una mesa. Conseguimos aclararnos y apuntar la cena en una nota. Manolo tiene la plancha a pleno rendimiento y parece que la espera será corta. He elegido rápido: montado de salchicha con salsa barbacoa, aunque siempre le doy un mordisquito al trozo de hornazo de Rabanillo que pide Raúl. Picoteo  varias veces de las raciones de cachuelas que han pedido para compartir.

Lo mejor para el final. De manos de Choni aparecen 2 platos de morenitos, unos bollos cubiertos de chocolate que ya son tradición como postre en El Real.

Es la hora de ponerse en la fila y esperar a la procesión de “Las Capas”. Nos gusta verla en la Cuesta del Obispo, abajo, apoyados sobre el muro de piedra. Sentimos que ya llegan porque se ve el pendón a lo lejos. Apenas hay farolas encendidas, sólo hay silencio. Empiezan a pasar los cofrades y me voy fijando en los dibujos de las capas, todos diferentes, todos únicos.

A lo lejos se oye el bombardino, que se para delante de nosotros y podemos disfrutar de sus motetes un poco más.

 

Se acercan los tambores destemplados del Cristo del Amparo, preparamos las cámaras de fotos y alargamos el cuello para ver a los amigos que lo llevan a hombros.

Ya pasó, ya se acabó. Ha sido un día intenso y no será el último.

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