La Mañana es otra cosa

La Mañana es otra cosa

La Mañana es otra cosa

Por Alberto Esteban, socio de La Santa Merienda, hermano y directivo de la Cofradía de Jesús Nazareno (Vulgo Congregación)


Para mí todas las cofradías y hermandades son especiales, pero cuando hablamos de La Congregación… Hablamos de otra cosa.

Veo el diluvio que le está cayendo a los hermanos del Yacente por la televisión. Tumbado en el sofá, descansando, veo en las aplicaciones del tiempo las predicciones… Aunque parezca mentira, mirando de nuevo a la televisión, son buenas, no nos va a llover… o eso leo por todos los sitios.

Son las 00:30 h. y suena el despertador. Mi madre me prepara un café y me visto tranquilamente: zapato y pantalón negro, camisa, jersey y este año toca cazadora (vamos a pelar frío). Por último, me coloco el pañuelo y me pongo el medallón.

Escribo al grupo de mis “esbirros”, Toño Manso, Alfonsito Martín y Óscar Antón Esteban, para saber dónde están. Llevamos muchos días trabajando juntos y la verdad es que no he podido tener mejor compañía durante todos los preparativos para el desfile.

Quedamos en el Chantal. Allí brindamos porque el desfile salga bien. Aunque no se nos note, los cuatro estamos nerviosos, hablamos de todo y de nada, pero siempre con la mente puesta en la iglesia de San Juan a las cinco de la mañana.

Ahora es el momento de ir a saludar a nuestros colegas de fatigas. En el “Café  Havana” están compañeros de directiva, de organización y hermanos cargadores. Otro brindis con el que nos deseamos suerte… para lo que se nos viene encima.

Tras despedirnos, hacemos el último paseo hasta la panera de la Cofradía: todo está en orden. Corro a buscar a Sara. Le doy un último beso, me da el visto bueno de cómo voy vestido, me desea suerte y nos despedimos hasta el descanso en las Tres Cruces.

Llego al Museo. Saludo a mis hermanos de paso, entre ellos mi hermano (este de sangre) Andrés, mi primo Josele y otros que también son casi familia como Víctor y Pablo. Nos colocamos para el desfile. Otro momento de nervios, nunca sabes lo que te deparará el transcurso de la procesión.

 

Todo discurre según el guión marcado por la organización. Llegamos al descanso del crucero y todos juntos nos tomamos unas “Sopas de Ajo”. También apetece un chocolate con churros y un café para calentarnos… El frío es el boca a boca de todos los hermanos de la procesión, “la de las cinco”. 

La bajada es gloriosa. En los últimos tres fondos, antes de dar la vuelta a la Plaza Mayor, los hermanos de paso reclamamos el embutido que todos los años llevamos dentro del paso. Un poco de pan y agua para pasar el trago. En el último, ya sabemos que toca lo dulce: dos cajas de pastas del Convento de las Claras. Suena Thalberg y cuando me doy cuenta, la Plaza se ha terminado. Son esos momentos los que unen debajo de un paso. Con las fuerzas recuperadas, podemos concluir una gran “carrera”

 

Con el abrazo dentro del Museo, el recuerdo floral y una bolsa de almendras garrapiñadas, me despido de todos deseando volver a verlos el año que viene ¡Salud! 

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