El color de la merienda

El color de la merienda

El color de la merienda

Por David Rodríguez, tesorero de La Santa Merienda


Los últimos sonidos de «La Saeta» indican que la Virgen está ya en la Plaza Mayor. «Vosotros a por las tortillas y nosotros a por el embutido«, con está frase imperativa del Presidente somos conscientes de que llega el momento de preparar el acto más importante para nosotros, nuestro acto central, la esencia de lo que somos: la merienda.

El tiempo apremia y todo debe estar listo, no puedo decir que lo hagamos con prisa pero no hay lugar para la tregua. Apenas nos sobra poco más de una hora, para pasar por casa a comer, la última comida que haremos en casa en lo que queda de semana.

 

La Cofradía de la Santa Vera Cruz. Disciplina y Penitencia asoma por la Rúa del Silencio y nos acercamos a su encuentro, no tenemos otra opción que verla en cuarta o quinta fila, como es habitual en los últimos años.

El sonido de las bandas que acompañan a los pasos y los aromas del embutido recién cortado que espera al descanso de la procesión para ser degustado, son elementos típicos de este jueves. Pero sin duda alguna el elemento diferenciador de la tarde del Jueves Santo es el color. Y sí, a pesar de que el cielo estaba encapotado, el colorido siempre es protagonista en un día como este. La policromía de esas imágenes que guardan los cánones de la escenografía barroca, el terciopelo morado de las túnicas más nuevas y el morado vetusto de las túnicas heredadas, ligado a los colores de la merienda, esos colores cálidos del chorizo, del salchichón, del hornazo y de las tortillas. Si Zurbarán o Cézanne hubiesen vivido una tarde de Jueves Santo en Zamora, seguro que le hubiesen dedicado un “bodegón” a la merienda, a La Santa Merienda mejor dicho. ¿Os imagináis el cartel del 2019?

La procesión descansa. Es ahora el momento de besos y abrazos a toda esa gente que en ocasiones llevas un año sin verla y que vienen a pasar contigo un rato agradable disfrutando de la buena pitanza. Socios, familiares, colegas de facultad, compañeros del banco, amigos todos; a los que casi siempre no le dedicas el tiempo que se merecen, ya que este no sobra precisamente (desde aquí le trasmito a “mi cuñada mayor” que el año que viene pasaré más tiempo con ella). Nos gustaría contar con más tiempo, pero la merienda se desvirtuaría y es la procesión la que debe ser protagonista de nuevo en su vuelta al museo.

 

Lo siguiente es coger algo de abrigo, decidir donde cenar y activar el “plan B”, parece que el recorrido del Yacente estará pasado por agua, al menos tenemos la satisfacción de haber aprobado el examen, cosa que no es poco.

Salud para el año que viene.

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