Debut en el Viernes de Dolores

Debut en el Viernes de Dolores

Debut en el Viernes de Dolores

Por Raúl A. Sánchez Madruga, socio de La Santa Merienda


Comienzo escribiendo estas líneas a la vez que me dispongo a empezar mi tercer año como responsable de organización de la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo del Espíritu Santo.

Todo comenzó hace unos 3 años y medio cuando la actual directiva, encabezada por Nano Haedo, confió en mí para formar parte de la  misma. Me sorprendió bastante ya que rara vez, en nuestra semana santa, se le encomienda un cargo con responsabilidad a un desconocido y joven (28 años).

No os mentiré si digo que estaba ¨acongojado¨ por la situación. No sabía por dónde empezar. Ahí es donde entra Lolo Atilano, al que estaré eternamente agradecido por enseñarme tan valiosas lecciones de vida como, en este caso, en el tema organizativo de la Semana Santa.

Pero bien, vamos al tema. Partiendo de la base de que nadie me conocía (ni jefes de paso, ni cargadores, ni nadie en las reuniones con la Junta Pro Semana Santa) dediqué un tiempo largo a crear mi equipo de confianza, confeccionándolo con savia nueva, que podía aportar esa frescura tan necesaria en estos tiempos. Pero también, gente curtida en mil batallas, que pudieran dar esa serenidad y saber estar que solo te da la experiencia.

Después de formar mi ¨plantilla¨ tocaba lidiar con administraciones para pedir los oportunos permisos para la puesta en escena del desfile procesional. Un día tienes que hablar con la policía. Otro con la televisión. Al día siguiente, con la Junta Pro. También, con los de parques y jardines porque ese árbol entorpece el paso del Cristo… Pequeñas cosas que, sin darte cuenta, se convierten en una pila de papeles en tu escritorio.

“Dediqué un tiempo largo a crear mi equipo de confianza, confeccionándolo con sabia nueva”

Una vez solucionado todo el papeleo, llega el miércoles antes del  desfile procesional del Viernes de Dolores. Como era normal, algún fallo durante el traslado de las andas hasta la Iglesia. Pequeños detalles que nadie te había explicado sumados a la inexperiencia y al desconocimiento. Pero bueno, al final salimos del paso con buena nota.

Llega el día. Viernes de Dolores.
Nervios desde que me despierto. Te preguntas  si todo está correcto, si no se te ha olvida nada. También, recibes llamadas deseándote suerte y diciéndote que todo va a salir bien. ¡Encima dan lluvia! ¿Tengo un protocolo si llueve?  Nadie había pensado en ello. Surgen más preguntas mientras avanza el día.

Comienza el baile. Son las 21:00 horas y estamos en el templo: mi equipo, la directiva y yo. Por mi parte, nervios ¿Todo el mundo sabe lo que tiene que hacer? ¿Todo el mundo está en su sitio? ¿Todo está dispuesto? Parece que sí. Todo está en orden y empiezan a llegar los primeros hermanos.

Ha dejado de llover y nos disponemos a salir a la hora prevista (22:30 h.), con unos 600 hermanos. LA procesión marcha en orden, a buen ritmo. Poco a poco voy quitando esos nervios y los tiempos se van cumpliendo.

La subida a la catedral se realiza sin ningún incidente y ya estamos todos preparados para empezar el acto central de la cofradía. Suena el Christus Factus Est y en 5 minutos iniciamos el regreso al templo de salida. Hay que volver a organizar la procesión desde cero. Sale la cruz guía. Todo va bien. Le sigue la campana. Lleva buen ritmo. La procesión va sobre ruedas… Pero, de repente y sin previo aviso, comienza a llover de una forma inusual. Media procesión en la calle y la otra media en el atrio de la catedral.

El pinganillo empieza a hervir. Raúl, ¿qué hacemos? La campana está bajando la cuesta del mercadillo. El incensario y el Cristo están en el atrio. ¿Qué hago? Me pregunto a mí mismo. Tras unos segundos en silencio, pensando,  y tras hablar con el capellán y el Abad, se decide continuar la procesión dejando al Cristo en la Catedral, cerrando la procesión el coro y el incensario. Nada de esto estaba previsto, ¡Vaya debut amigo! Para acortar el largo del desfile decido colocar a los hermanos en filas de 4 en 4 para que todo vaya más rápido. Son las 00:40 h. y la procesión está dentro de la Iglesia. El Cristo se ha quedado en la Catedral y empiezo a pensar si realmente he tomado una buena decisión. Salgo de dudas rápidamente cuando me felicitan por la decisión, tanto mis compañeros como hermanos anónimos.

Al día siguiente, es hora de devolver las andas a la panera y de trasladar el Cristo hasta la Iglesia. Son las 12:00 h. y, por fin, consigo relajarme.

Así fue mi primera vez. Sin el equipo que elegí y el apoyo de la directiva,  no me hubiera sido tan fácil organizar todo con buen resultado. En especial, quiero dar las gracias a Ángel Sesma por guiarme tan fácil en esta situación. Esta experiencia que me ha servido para que ir mejorando y puliendo los detalles en los siguientes años.

Un saludo para tod@s y disfrutad de la Semana Santa de Zamora tanto o más como yo lo hago.

 

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