Antorchas, silencio, recuerdos… Buena Muerte

Antorchas, silencio, recuerdos… Buena Muerte

Antorchas, silencio, recuerdos… Buena Muerte

Por Óscar Coscarón, socio de La Santa Merienda


«Ya le has llevado a la luz…» Termina el canto de «La Muerte no es Final» en la Plaza Mayor de Zamora. Jaime lo ha grabado todo. Perfecto. Ahora, ¿Dónde vemos La Buena Muerte? Miriam me dice que prefiere verla a la salida. Está cansada, algo totalmente normal dado «lo que lleva dentro». Jaime también se apunta, el resto van a verla en el Arco de Doña Urraca… Lo mismo me uno luego.

Encontramos un sitio en la Plaza del Fresco, más cerca de la salida imposible. Pero claro, no nos ha dado tiempo a cenar nada y está todo abarrotado. Necesitamos algo para llevar y rápido de hacer – son las 23:35 y a las 00:00 se abren las puertas de San Vicente – así que la respuesta es fácil, vamos a la Panadería Trigal. Vamos Jaime y yo, mientras Miriam espera en su inseparable silla. Tres pan pizza, uno para cada uno… y vemos el postre perfecto: ¡Cañas Zamoranas! Volvemos a nuestro sitio y sí, las cañas se llevan todas las miradas.

De repente, las luces se apagan y se oyen sus voces, para mí las mejores que se pueden escuchar en toda la Semana Santa. Se hace el silencio y empiezan a aparecer los «monjes» con sus teas. Creo que es la primera vez que veo la Hermandad Penitencial del Sto. Cristo de La Buena Muerte tan pronto desde que era pequeño. La verdad, da igual dónde la veas. Es espectacular.

Termina la procesión y acompaño a Miriam hasta casa. Está cansada. Jaime también se ha ido a casa, mañana se levanta a horas intempestivas. Yo también tengo que trabajar mañana… Pero tengo ganas de más. Voy al Arco de Doña Urraca. El resto del grupo que vimos la Tercera Caída en la Plaza Mayor están ahí. Todavía es pronto así que me da tiempo a tomarme una caña rápida.

Cada vez hay más gente. Creo que no vamos a caber todos en la curva, pero no importa. Ya sé dónde la voy a ver. Justo antes de apagar las luces, les digo a mis amigos que voy un poco más arriba para verla solo. ¿Sólo? Me preguntan. Sí, he de reconocerlo hay ciertas procesiones que me gusta verlas a mí ritmo, pensando en mis cosas, recordando momentos y a los que ya no están. Justo antes de la cuesta hay un saliente de la muralla. Ya he visto ahí la procesión en anteriores ocasiones. Muchas veces acompañado de mi padre, mientras él sacaba fotos.

El silencio, el olor de las teas, las miradas cómplices de amigos que desfilan… Un vídeo y una foto, no me puedo resistir, debe ser «deformación» profesional… Y al instante, las mismas voces que escuché al inicio de esta historia que te estoy contando. Esta vez entonan el «Jerusalem, Jerusalem», y mis labios lo susurran (eso sí, de latín poco o nada). Al momento el impresionante Cristo inclinado.

Ahora sí. Termina el Lunes Santo. Me despido de los amigos que estaban viéndola en la curva. Mañana toca trabajar, es la primera vez en Semana Santa, pero es un año de novedades. Habrá que irse acostumbrando a ellas.

 

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